Solo otro plan sin ...
 
Avisos
Vaciar todo

Solo otro plan sin más.

RandomHuman
(@randomhuman)
Usuario Shukulento

5 de Ventisca.

Periferias de Vermina Capital.

Verkel miraba con disgusto el fondo húmedo de su jarra de madera, negándose a creer que ya era la tercera jarra de aquella cerveza barata e insípida que se terminaba aquella noche, pero el estruendo de las peleas de borrachos que tan comunes eran en el Barril Rojo le hacían seguir bebiendo, pensando que así se mantendría calmado. No le gustaban las tabernas en general, pero esta en concreto se le hacía especialmente repulsiva, un nido de maleantes, alborotadores y bandidos, dentro de si se esforzaba por mantener sellados los desagradables recuerdos que le evocaba. De no creer que se trataba de algo importante no hubiera accedido a reunirse en aquel lugar, pensó que tal vez algún día debería decirle a Darcian que hacía tiempo que no frecuentaba ese tipo de lugares.

Por suerte no tuvo que pedir una cuarta jarra, Darcian se sentó delante de Verkel sin que este le viese entrar mientras se encontraba absorto en sus pensamientos. Verkel esbozó una sonrisa forzada cuando vio a su compañero e hizo el ademán de levantar la mano para llamar a un camarero, pero Darcian le detuvo, a diferencia de el ex-mercenario él no tenía tan buena tolerancia al alcohol, y el asunto que iban a tratar era extremadamente importante.

—¿Estás sereno? —Preguntó Darcian con seriedad y mirando a ambos lados, su extremada precaución casi teatral siempre le había parecido molestamente cómica a Verkel.

—Supongo. ¿Qué pasa? ¿A qué viene tanto misterio?

—¿Quemaste la carta?

Verkel ya empezaba a sentirse algo irritado, estaba acostumbrado a que sus compañeros fueran absurdamente dramáticos y paranoicos, pero aquello ya rozaba el límite, y sin embargo había quemado la carta tal y como lo especificaba en esta, simplemente porque creía que era lo correcto obedecer las órdenes, por muy ridículas que le pareciesen.

—Sí, ¿me vas a explicar de qué va todo esto?

—Asuntos muy importantes de la Sociedad —Respondió inclinándose sobre la mesa y hablando en voz baja, a causa del alboroto Verkel tuvo que deducir lo que había dicho.

—¿Y por qué nos reunimos aquí y no en la sede?

De repente se escuchó el estruendoso sonido de una botella romperse seguido de gritos y abucheos.

—Vayamos fuera.

Darcian se levantó y fue directamente hacia la puerta con prisa, dejando atrás a Verkel, que suspiró y fue de mala gana a pagar al tabernero antes de seguir a su compañero. Fuera del Barril Rojo la calle parecía tranquila y lo que era más importante, sin vigilancia. Los únicos que se movían por aquella parte de la capital a aquellas horas eran borrachos, mendigos y ladronzuelos de poca monta, nada de lo que debieran preocuparse.

—¿Me vas a decir por qué nos reunimos aquí?

—No dije que tuviéramos que vernos dentro, te he estado buscando fuera antes de entrar.

Verkel contuvo las ganas de insultarle, después de todo era su superior, y para ese entonces ya debería estar acostumbrado a los malentendidos causados por lo mal que se le daba expresarse, simplemente prefirió ignorarlo y volver a aclarar su pregunta.

—¿Por qué no nos reunimos en la sede?

—Se tratan de asuntos no oficiales.

—¡Menuda novedad! —Exclamó con un tono sarcástico muy marcado, aunque dudó de que Darcian lo notara.

—Es algo... Mejor que lo veas tú mismo.

Darcian tomó el odré de agua que tenía en su cintura y lo abrió para sacar un trozo de papel enrollado, el cual le extendió a Verkel. Este sonrió y quiso reírse del espectáculo que estaba armando su compañero, pero cuando comenzó a leer su sonrisa se desvaneció y su rostro palideció.

—Joder... 

—¿Lo entiendes ahora?

Verkel asintió con la cabeza y le devolvió rápidamente aquel papel, Darcian lo tomó y lo enrolló rápidamente para volver a esconderlo dentro del odre.

—No sé si podré hacerlo —respondió el ex-mercenario con la voz temblorosa.

—Si llega a ser necesario tendrás que hacerlo, es una orden.

Verkel asintió lentamente, se repetía internamente que no sería necesario, pero la sensación de opresión en su pecho cada vez era más intensa.

—¿Y después...? —Preguntó tras unos segundos.

—El anular todavía está pensando en eso, pero ya lo está preparando.

"Ya lo está preparando", aquellas palabras se grabaron en la mente de Verkel, parecía que sería inevitable.

 

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11 de Ventisca.

Norte de Barolis, Bludisdain.

El carruaje llegó una hora antes del amanecer, el relinchar de los caballos despertó a Laro de su sueño antes de que el cochero bajase a avisarle. Bajó adormilado, pero una gélida ráfaga de frío lo hizo despertar instantáneamente. Frente a él había un robusto y sencillo castillo que a su parecer parecía más una fortificación puramente militar que una propiedad de un aristócrata. Un soldado dracomorfo de aspecto hosco armado con una gran lanza y una pesada armadura se acercó a él y le lanzó una larga mirada crítica.

—¿Qué haces aquí?

—Mi nombre es Laro, tengo una reunión con el Coronel Tyramath —Respondió con voz clara el joven, pretendiendo que aquel soldado no le hacía sentirse intimidado.

El soldado arqueó una ceja y resopló.

—¿Y esperas que se reúna contigo a estas horas?

—Le ruego que le avise, estoy seguro de que lo comprenderá cuando le diga quién soy.

El soldado lo miró con escepticismo, pero había oído rumores sobre las extrañas reuniones y contactos de su señor, y si bien aquel joven no era lo que él imaginaba con "extraños contactos" no quiso arriesgarse. Le ordenó que se quedase allí mientras iba a comprobarlo. Poco después Laro se encontraba reunido a solas con el Coronel Tyramath en un lujoso salón que poco tenía que ver con el exterior del castillo. El Coronel, un hombre al que los años ya empezaban a pasarle factura, a menudo servía de intermediario entre la sociedad y su emperador, y durante muchos años había escuchado planes y secretos descabellados, aterradores y fascinantes, pero lo de aquella vez le parecía demasiado, extremo hasta para los estándares en los que solían moverse. Se levantó con cuidado del sillón y con la mano temblando arrojó la carta al fuego, no quería tener nada que ver con aquello, no quería ni haberlo sabido. Laro, que ya había tratado antes con el Coronel y que no se veía en la necesidad de aparentar más confianza de la real delante de él empezó a ponerse nervioso.

—Entonces... ¿Rechazas la oferta?

Tyramath quedó pensativo, sabía que era una idea terrible, pero una parte de él se preguntaba si podría ser beneficioso a la larga. Se volteó hacia el joven y levantó el dedo en señal de que iba a decir algo, pero pasó un buen rato meditando su respuesta.

—Si realmente tiene que suceder... Esperaremos a que pase, y después... Ya veremos.

Laro agachó la cabeza, en teoría no era más que un mero mensajero, pero no podía evitar sentirse culpable, comprendiendo perfectamente el compromiso en el que le ponía tanto a él como a toda su nación. No era una decisión fácil, solo esperaba que su maestro no lo pagara con él cuando le comunicase la contestación del coronel.

—Lo comprendo... Entonces... ¿Qué digo?

—Que haré como si no supiera nada, no quiero tener nada que ver con eso.

Laro asintió y se frotó el cuello, empezaba a notar los efectos de la tensión. 

—Está bien, oficialmente nadie sabe nada.

—Si eso fuese suficiente... —Respondió el Coronel volviendo a sentarse y fijando la mirada en el fuego.

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13 de Ventisca.

Palacio Imperial de Vermina Capital.

Stenger Hughman miraba el arrugado cuaderno frente a él sintiéndose abatido, atrapado, perseguido por sus propios pensamientos y por millares de posibilidades que rondaban alrededor de su cabeza, atormentándolo como perversos insectos de su propia creación. Y ante él se encontraba la causa de todas sus preocupaciones, la incógnita que lo había mantenido ya cuatro días sin dormir. Golpeaba repetidamente la pluma sobre aquel espacio en blanco, cuestionándose todo lo que había hecho y haría, ¿así se sentían los dioses durante la creación? ¡Que tormento ser ellos! Cuando un nombre aparecía en su cabeza una avalancha de pensamientos sobre todo lo que podría salir mal si se decidía por él arrastraban aquel nombre tan lejos que se le hacía imposible seguir contemplando aquella posibilidad. Así había pasado días enteros, y así habría seguido varios días más de no haber tomado la decisión más obvia y sensata, la que debió haber contemplado como muy tarde al segundo día. Se levantó de la silla y se alejó de su escritorio, iba a salir a pasear por la ciudad, a despejar su mente y volver a pensar en ello cuando estuviese más calmado. Y allí quedó aquel rebelde espacio en blanco al final de un plan perfectamente planificado y estructurado, la gran incógnita que por ahora quedaría sin resolverse.

 

 

Regente:

 

Comandante del Ejército Popular Anti-Furro.

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Topic starter Respondido : 11/03/2021 1:17 AM
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