La página de la comunidad hispanohablante
Relato spin off de ...
 
Avisos
Vaciar todo

Relato spin off de A Pokémon Kingdom: "Sangre y acero"  

  RSS
Dameyanew
(@dameyanew)
Enemigo público del FBI

Saludos a todos aquellos que habéis decidido entrar para leer esto. Lo primero, una breve explicación.

Ahora que la trama del rol de A Pokémon Kingdom, organizada por SombraSST, ha terminado, tenía ganas de escribir esta pequeña historia, dado que durante la trama principal no llegaron a darse las circunstancias para contarla. Es un relato que tenía pensado desde hacía mucho tiempo, acerca del pasado de mi personaje.

Lo cierto es que estaba dividido entre subirlo en esta sección, o en la sección de fanfics. Pero dado que se trata de algo relacionado con el rol, y viendo lo desangelado que está el subforo, he decidido ponerlo aquí.

No es necesario haber leído la trama del rol para comprenderla, pero entenderéis mejor algunas cosas si lo habéis hecho. El marco se sitúa en el mundo pokémon, pero con un poco de mezcla de nuestro propio mundo y más o menos alrededor del siglo XIII, en plena Edad Media, cuando la gente aún necesitaba establecer un lazo con un pokémon si quería que éste le siguiera. Esta historia narra cómo mi personaje Ariel consiguió a su compañero pokémon Honedge.

 

 

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

El sol de la mañana se alzaba despertando al mundo, tanto humanos como pokémon. Los trinos de los Pidgeys y Taillows matutinos se empezaban a oír mientras, en un lejano castillo, en algún lugar de la región de Kalos, unos pocos rayos de luz incidían sobre una pequeña figura dormida sobre una silla, con la cabeza apoyada sobre las páginas de un libro aún abierto.

Una sensación áspera y rasposa en la cara hizo que el niño dormido abriese uno de sus ojos. Su iris azul buscó con la mirada de dónde podía provenir aquella sensación, y se topó con unos ojos rojos como la sangre que le miraban fijamente. Después de eso, la impresión se repitió dos veces más, una a cada lado del rostro.

-Está bien, Trismegisto, ya me levanto- dijo el niño con voz somnolienta, mientras se desperezaba del improvisado lecho de su silla. Le dio unas palmaditas al Hydreigon en una de sus cabezas cuando se acercó a darle otro lametón en el rostro para ayudarle a que se despertara del todo.

Tras incorporarse y estirarse, su cerebro empezó a quitar las telarañas del sueño. Si el Hydreigon de su padre estaba allí, en el salón donde se había quedado dormido, eso significaba que…

-Ariel- dijo una voz firme y autoritaria -¿Te quedaste dormido anoche mientras estudiabas esos libros que te dije que leyeras?

La mirada del niño pasó de fijarse en el pokémon a posarse sobre unos ojos azules como el hielo glaciar. Desde las profundidades de su rostro enmarcado por una espesa pero pulcramente recortada barba negra, su padre, Johann Drachenzähmmer, le miraba con una expresión absolutamente indescifrable. Su corpulenta figura tenía los brazos cruzados mientras esperaba su respuesta.

-Sí padre- dijo Ariel, bajando ligeramente la mirada.

Su padre descruzó los brazos antes de responder.

-Bueno, al menos parece que decidiste tomártelo en serio. Aséate antes de bajar a desayunar, y luego acude a verme a la sala oeste. Precisamente quiero hablarte hoy sobre ello.

Mientras su padre se alejaba, Ariel se preguntó qué era lo que podría querer su padre. Cerró el libro encima del que se había dormido la noche anterior, que versaba sobre las habilidades conocidas de los pokémon. Sus padres habían traído varios textos de la biblioteca de la ciudad y le habían hecho estudiar a fondo hasta conseguir que se los aprendiera de cabo a rabo. De hecho, en los últimos meses se habían volcado más que nunca en su entrenamiento y educación: esgrima intensiva en el campo de ejercicios, lectura sobre toda clase de temarios, aprender a dar órdenes a los pokémon… Todo esto pensaba mientras se lavaba el rostro y contemplaba su reflejo en la palangana, intentando ordenar su cabello pelirrojo que parecía una hoguera descontrolada de lo despeinado que estaba y quitarse las babas de Trismegisto.

Tras el desayuno, Ariel acudió con su padre. En la sala oeste le esperaba su progenitor, acompañado de unas paredes llenas de cuadros de los que habían sido sus antepasados. Docenas de ojos le miraban desde todos los ángulos, los ojos de los antiguos miembros de la familia de caballeros Drachenzähmmer, todos ellos acompañados también por sus pokémon. Eran muy diversos, humanos y pokémon, pero todos ellos compartían algo en común.

En cada cuadro, había al menos un pokémon dragón.

-Siéntate, Ariel- le dijo su padre. El niño obedeció –He estado siguiendo tu progreso. Parece que has cumplido mis expectativas, ha costado, pero creo que has conseguido estar a la altura.

Ariel sintió una pequeña punzada de orgullo. Su padre era estricto y exigente, y no resultaba fácil ganarse su aprobación.

-Viendo que te estás tomando en serio tu preparación para ser un caballero, he decidido que des un paso importante en tu camino a la madurez. Tu duodécimo cumpleaños está cerca, y hubiera preferido que fuera entonces, pero supongo que en realidad no importa.

Al niño se le iluminó el rostro visiblemente, pues estaba casi seguro de lo que su padre le iba a decir.

-Entonces, ¿por fin voy a tener mi propio compañero pokémon? ¿Un pokémon sólo para mí?

-Sí, creo que has demostrado suficiente responsabilidad como para ello.

-¡Gracias, gracias, gracias!- al pequeño Ariel se le escapaba la alegría por todos los poros -¿Puedo escoger? Me encantaría si el tío Adler me da el siguiente huevo de su Haxorus, sé que está a punto de poner otro. Sólo tenemos que ir a su casa en ciudad Yantra y-

-Nein, Ariel- le cortó su padre de una forma tan fría que el chico se quedó a mitad de frase –Si quieres tu dragón, deberás conseguirlo por tu cuenta.

Ariel sabía a qué se debía. Su clan era el de los caballeros Drachenzähmmer, los domadores de dragones. Todos ellos, sin excepción, demostraban su arrojo, su tenacidad y su inteligencia capturando y entrenando a un pokémon de tipo dragón, como forma de probar que estaban listos para superar toda clase de retos.

Aún así, el pequeño no se dio por vencido tan fácilmente.

-Pero padre, con otro dragón pasar la prueba de capturar a uno será más sencilla. Aunque sea sólo temporalmente para vencer a un dragón salvaje y luego devolvérselo, no creo que-

-Nein, nein, und dreimal nein, Ariel*- esta vez, Johann se irguió sobre él tan alto como era, y Ariel se encogió un poco ante la figura de su padre –No puedes esperar criar a un pokémon para luego devolverlo como si nada hubiera pasado, y no voy a dejar que te enfrentes a la prueba de domar a un dragón antes de que hayas alcanzado la mayoría de edad, así que olvida lo de tomar prestado unos días un pokémon de cualquier otra persona y dárselo de nuevo tras obtener el tuyo. Usar un dragón contra otro dragón es un arma de doble filo, e incluso los pokémon dragón que están en su primer estadio evolutivo son peligrosos para un crío de once años, por mucho que estés progresando.

Spoiler
*
No, no, y tres veces no, Ariel

Ariel entendió que no había más que discutir, así que se resignó.

-Entendido, padre- dijo agachando la cabeza.

Unos segundos de silencio reinaron en la sala, hasta que por fin, el hombre decidió romper aquel mutismo incómodo.

-Muy bien, me alegro de que puedas entenderlo. Entonces, ¿has pensado ya en qué clase de pokémon querrías tener como compañero?

El niño lo había pensado realmente. Se trataba de alguien junto a quien crecería, y en quien confiaría por encima de todo, alguien que estaría a su lado durante su vida. Tenía algunas líneas generales.

-Bueno… al principio había considerado algún pokémon de hielo o un hada…

Su padre le miraba severo, sin comentar nada.

-…pero los de tipo hielo tienen muchas debilidades. Y las hadas esconden mucho poder mágico, pero tienen una gran tara, y es que no soportan estar cerca del metal. Y la verdad… no sé qué haría si para poder tener a un compañero pokémon tuviera que renunciar a la esgrima.

-¿Entonces?- le preguntó su progenitor, sin revelar nada en su expresión.

-Entonces… supongo que no podré aprovechar las debilidades de los dragones. Pero lo cierto es que me gustaría un pokémon junto con quien pudiera practicar mientras me ejercito- Ariel se iba animando conforme hablaba, cada vez más energéticamente -Un compañero que me acompañase cuando me dedico a cosas como estudiar la genealogía de nuestra familia, o a los pokémon; uno que pudiese causar miedo en mis enemigos y que él no se asustase. Algún pokémon junto con el que pudiese luchar como si él mismo fuese una extensión de mi cuerpo- finalizó el chico lanzando una mano hacia delante como si estuviese dando una estocada imaginaria.

Ariel se preguntó si no se había dejado llevar demasiado por la emoción, pero no parecía que fuera a pasar nada. Su padre Johann no había dicho nada de nada, simplemente le había estado escuchando y mirando.

-Hum, ¿padre?- le preguntó.

-Te he escuchado, Ariel. Déjame un tiempo para que piense. Ahora vete y haz tus tareas.

El niño se marchó, dejando atrás a su padre en la sala con los retratos. Durante el resto del día se dedicó con tesón a atender sus obligaciones: practicar con la espada, atender a los pokémon, estudiar… Pero al final del día, no hubo ni una sola palabra al respecto de su nuevo compañero pokémon.

Los siguientes días tampoco hubo respuesta evidente. No obstante, mientras Ariel se dedicaba a sus quehaceres, se dio cuenta de que su padre empezaba a pasar largos períodos de tiempo fuera de su hogar en el castillo. En una ocasión, mientras su padre no estaba, intentó interrogar a su madre Erika al respecto, pero ella, con una sonrisa, se limitó a decir “No puedo contártelo aún”. Su madre era más abierta y cariñosa, pero parecía que tampoco podía recurrir a ella.

Finalmente, un día yendo detrás de su padre a la ciudad, le vio reunirse con una pareja formada por un hombre y una mujer en una taberna. A la pareja la acompañaba una niña de cabellos rubios que no podía ser mucho mayor que él, sobre cuya cabeza revoloteaba un pokémon que nunca había visto. No pudo fijarse en mucho más, dado que rápidamente tuvo que marcharse antes de que le descubrieran. Cuando su padre finalmente vino a casa, traía un raro libro entre las manos.

La curiosidad de Ariel estaba a punto de hacerle preguntar directamente a su padre, pero aquel día, durante la cena, fue él quien le habló de su compañero pokémon por primera vez.

-He decidido qué clase de pokémon es el más adecuado para ti, Ariel. Después de que me dijeras cómo te gustaría que fuese tu compañero, he dado con el que sería perfecto para ti.

El pequeño no podía contenerse más.

-¿En serio, padre? Y, ¿cómo es?

Su padre le miró y, extrañamente, esbozó una sonrisa. Una sonrisa, además muy extravagante. Ariel miró a su madre en busca de respuesta, pero ella se limitó a sonreír y negar con la cabeza.

-Será como tú quieras que sea. Porque tú le vas a dar forma.

Ariel miró a su padre sin comprender lo más mínimo.

-Primero de todo, vas a fabricar una espada- dijo su padre, como cambiando de tema –He hablado con Félix, el dueño de la forja. Nos la prestará durante unos días. Vas a crearla con tus propias manos, así que podrás crear la espada que más adecuada sea para ti. Supongo que no habrás olvidado lo que aprendiste sobre la fragua, ¿o sí?

No, Ariel no lo había olvidado. Aunque de conocimientos prácticos sólo se había limitado a ayudar un poco de pequeño a crear herraduras para Ponytas, pero poco más.

-No te preocupes, recibirás ayuda. Pero prepárate bien, porque mañana mismo empezamos.

Ariel aquel día se acostó sin dejar de pensar. Por un lado no entendía las acciones de su padre, pero por otra parte también le hacía mucha ilusión poder tener una espada creada a medida para él solo. La idea de poder crear su hoja de combate como más le gustase le llenaba de expectación.

Al día siguiente, descubrió que aquello no era tan encantador como había creído.

Fue sobre todo duro. Muy duro. En la forja hacía un calor terrible, provocado por las llamas del Magmar que allí trabajaba, soplando sin cesar su fuego para derretir el metal.  Además de ello, trabajar el hierro requería de una fuerza extraordinaria. Ariel no era débil, pero no dejaba de ser un niño, y el enorme esfuerzo de darle forma a su creación le drenó sus fuerzas como nunca antes había imaginado. Además, si bien era cierto que recibía asistencia sobre las partes técnicas de cómo debía de realizar su trabajo, tuve que equivocarse, volver a empezar, y aún así, descartar tres diseños antes de que al fin, tras mucho denuedo, su espada estuviese completamente terminada.

El último día, Ariel contempló por fin su creación. Se trataba de una muy buena arma, nadie podría poner en duda eso. El herrero se había encargado de ayudarle a que lo fuera. Ariel se sentía muy satisfecho con ella. Cuando se la presentó a su padre, éste la examinó con ojo crítico.

- -Johann miró a su hijo, y luego a la espada de nuevo –Muy bien. Supongo que has aprendido a apreciar lo que tus propias manos y tu trabajo han creado. Está bien, pasaremos a lo último que necesitas. Esta misma noche, después de la cena, ven conmigo fuera del castillo. Y trae la espada.

Dicho esto, procedió a meter el arma en una funda de cuero hecha a medida para ella. Ariel intentó que aquella jornada pasase lo más rápido posible, deseoso de saber qué era lo que iba a ocurrir.

Una vez caída la noche, y después de que todos se recogieran a sus camas, Ariel salió de su hogar con la espada a la cintura. Tras las puertas del castillo le esperaba su padre, con un farol en la mano, y un libro en la otra. Uno que Ariel reconoció: era el mismo libro que su padre había traído a casa tras su encuentro con aquel extraño trío.

-Padre, ¿por qué hemos salido?

-Ven conmigo- le dijo sin más, mientras echaba a andar. Ariel le siguió rápidamente, evitando quedarse atrás para no perder de vista la luz del farol.

Empezaba a preocuparse. Estaban dejando atrás la silueta del castillo, y adentrándose más y más en la oscuridad. En algún lugar ululó un Hoothoot, y Ariel no pudo dejar de imaginar toda clase de escenarios macabros que podían ocurrir durante la noche. Se aferró a tres cosas para calmar sus miedos. El recuerdo de que era un caballero Drachenzähmmer, la seguridad que exudaba su padre en su andar, y el peso de la espada que pendía en su cadera.

Tras un tiempo, empezó a reconocer el camino que estaban siguiendo, y entendió a dónde iban.

Marchaban hacia el cementerio familiar.

 -Padre- le preguntó de nuevo Ariel, esta vez con un temblor en la voz que no pudo ocultar- Padre, ¿por qué estamos aquí?

El cementerio se abría ante ellos. Al borde de una espesura de vegetación, las lápidas y el pequeño mausoleo se apilaban entre sí. Un aire frío emanaba de aquel lugar lleno de sombras. O tal vez, se dijo el chico, sólo era una ráfaga de aire nocturno.

-Para darte a tu pokémon, ya te lo dije. Y ahora sujétame el farol, necesito la mano libre un momento.

Ariel recibió con agrado el calor y la luz en su mano mientras su padre sacaba de entre su ropa una llave grande y antigua con la que abrió la puerta del mausoleo. La puerta se abrió chirriando, mientras ambos entraban en su interior.

Ariel había estado allí antes para llevar ofrendas, pero sólo de día, y aún así, le había parecido un lugar tétrico y tenebroso. Durante la noche… resultaba aún peor. El lugar de descanso de los numerosos difuntos parecía cernirse sobre él.

Pero no se quedó allí. No, su padre se dirigió hacia el fondo del mausoleo y abrió una segunda puerta. Ésta no daba al exterior, sino hacia abajo, bajo tierra.

Hacia las criptas.

-Muy bien Ariel. Sígueme- le dijo su padre, mientras agarraba de nuevo el farol y bajaba las escaleras de piedra. Ariel se quedó quieto, sin saber qué hacer. Nunca jamás en su vida había bajado a las criptas, y no se atrevía a hacerlo -¿A qué estás esperando? ¡Baja de una vez!- tronó desde lo profundo su padre. Ariel seguía sin moverse, pero la luz iba desapareciendo conforme descendía a lo profundo, y finalmente el miedo de quedarse solo en la oscuridad del mausoleo fue superior al que le daba una cripta iluminada, así que se apresuró a bajar.

Finalmente los dos llegaron al lugar, y Ariel vio por primera vez la cripta de los antiguos Drachenzähmmer.

Había un olor a cerrado y otros que no podía identificar llenando el aire. La cripta era mucho más reducida y angosta que el mausoleo arriba, y no había ventanas ni aperturas de ninguna clase. Debido al reducido espacio, las tumbas de los muertos se encontraban mucho más cerca de ellos, hasta casi el punto de poder tocarlas incluso desde el centro de la estancia.

Allí estaba su padre, con el semblante imperturbable, mirándole fijamente. Había dejado el farol en el suelo, y sostenía el libro con ambas manos.

-Por fin has bajado. Ven aquí, es hora de dar el paso final.

-Padre, no entiendo nada- si en el camino al cementerio había tenido miedo, ahora ya era imposible esconder el terror en su voz –Se supone que esto tiene como objetivo darme a mi compañero pokémon, pero no veo qué vamos a encontrar aquí abajo. Aquí sólo hay- el joven tragó saliva antes de continuar –sólo hay tumbas, ¿no?

Su padre siempre había sido muy severo y duro, pero jamás le querría hacer ningún daño… ¿verdad?

-Qué poco eres capaz de ver, hijo mío. Coge tu espada y colócala aquí. Y en adelante necesito que estés en silencio.

Ariel no dijo nada más. Simplemente tomó la espada de su cinto, con funda y todo, y la posó en el suelo.

Su padre entonces sacó una tiza de un bolsillo, y empezó a perfilar un círculo en torno al arma. Después otro círculo. Y después uno más. Luego miró las páginas del libro, y comenzó a dibujar símbolos extraños que el niño no reconocía, alrededor de los círculos grabados. Meticulosamente, fue finalizando el trabajo hasta que por fin:

-Zauber*- dijo, y para sorpresa del chico, los dibujos emitieron un brillo repentino de color azul. Tuvo que morderse la lengua para no preguntar qué había sido eso.

Spoiler
*
Magia

Después de eso, su padre empezó a recitar unas extrañas palabras en una lengua que Ariel no reconoció. No se trataba del idioma de Kalos, ni tampoco el del lugar de origen de su familia. Conforme las palabras avanzaban, también lo hacía el resplandor azul que había surgido antes, hasta que casi se hizo tan intenso como la llama del farol. Cuando su padre finalizó, le miró a los ojos.

-Muy bien, Ariel. Éste es tu momento. Ahora toma la espada, y hazte un corte con ella.

-¡¿Qué?!- los ojos se le abrieron como platos. ¿Qué clase de orden era esa?

-¡Hazlo!- la voz de su padre retumbó entre las cavernosas paredes, y se volvió aún más grave de lo que ya era –Tienes que derramar tu sangre sobre la espada. Sólo necesitas un corte pequeño y limpio. Así que hazlo ahora mismo.

El primer impulso de Ariel habría sido desobedecer a su padre de inmediato, pero bajo esas circunstancias no se atrevía a ello. No en una cripta, no en mitad de la noche, no al ver a su padre haciendo aquellas cosas tan extrañas. De modo que temblando tomó la espada en sus manos y la desenvainó.

La hoja relucía a la luz. Ariel se puso el filo sobre el dorso de la mano y apretó. Pero instintivamente no se atrevía a terminar de hacer fuerza lo suficiente como para atravesarse la piel. Estuvo así unos instantes intentando prepararse, hasta que…

Con la velocidad del rayo, su padre le asió la mano y la movió para hacer que se cortara de una vez. Ariel gritó, tanto por el dolor como por la sorpresa.

-¡Aaaaaaaaaaaaaay!- dijo mientras soltaba la espada. Se agarró la herida, pero a los pocos segundos retomó el control, y puso su mano sobre el arma, dejando que cayeran unas gotas carmesíes sobre el acero.

-Muy bien, Ariel. Y ahora tienes que repetir conmigo. “Das neues Blut ist dasselbe wie altes Blut”*

Spoiler
*
La sangre nueva es igual que la sangre vieja

-Was?*- preguntó el niño, aún dolorido –Eeeeh, “Das neues Blut ist dasselbe wie altes Blut”.

Spoiler
*
¿Qué?

Con estas palabras, se produjo un cambio en la cripta. Las marcas del suelo ahora ya no se limitaban a brillar. Estaban emitiendo alguna clase de energía. Su padre continuó.

-Der Stahl bringt das Blut. Das Blut bringt die Seele.*

Spoiler
*
El acero trae a la sangre. La sangre trae al alma.

Ariel no entendía por qué estaban hablando en su lengua natal, pero no le gustaba en absoluto lo que estaba teniendo que decir.

-“Der Stahl bringt das Blut. Das Blut bringt die Seele”- ahora no había ninguna duda, de los grabados y de la espada estaba saliendo una energía extraña, fría y caliente al mismo tiempo. Estaba empezando incluso a mover sus ropas y cabellos como si soplara el viento -¡Padre! ¡Padre, ¿qué está ocurriendo?!

-¡Concéntrate, Ariel! ¡Sigue recitando! “Die Seele ist das Leben! Das Blut auf dem Stahl gibt das Leben”.*

Spoiler
*
El alma es la vida. La sangre en el acero da la vida.

-Yo… “Die Seele ist das Leben. Das Blut auf dem Stahl gibt das Leben”- Ariel miraba a todas partes conforme las olas de energía sobrenatural agitaban la cámara. De repente vio que en las sombras de la escalera unos ojos brillantes como gemas le miraban, y una extraña nube se arremolinaba en la abertura. Con el corazón latiéndole al borde de un ataque de pánico, gritó -¡¡Padre!! ¡¡Padre, he visto algo ahí!!

-¡Tranquilízate, Ariel! ¡Sólo son pokémon fantasma fisgones que ha venido a curiosear atraídos por el ritual! ¡Termina la ceremonia! ”Zum Blut, das uns verdient, ich dir verknüpfe! Gibt mir das Leben!”*- le gritó, sosteniendo en alto el libro.

Spoiler
*
¡Por la sangre que nos une, yo te vinculo! ¡Dame la vida!

-”Zum Blut, das uns verdient, ich dir verknüpfe! Gibt mir das Leben!”- chilló Ariel, mientras un resplandor cegador como el sol del mediodía iluminaba todo. Tuvo que taparse los ojos con los brazos, y la corriente de energía que se desató le tiró al suelo. Un rugido retumbó en sus oídos. Después… nada.

Poco a poco, Ariel se atrevió a salir de su posición acurrucado en un rincón. Miró hacia las escaleras, pero los pokémon fantasma ya no estaban allí. Luego miró a su padre, que le observaba sin ningún gesto. Y luego miró al centro de la estancia.

Y allí estaba.

Su espada había cambiado por completo. Seguía teniendo la misma forma que él mismo le había dado, pero ahora era mucho más grande. Y estaba flotando en mitad del aire. Ahora además tenía una cinta que adornaba su empuñadura, y en el centro, una gema azul con forma de ojo. Mientras Ariel se maravillaba por la transformación de su espada, sin previo aviso la gema se movió como si fuera un ojo de verdad.

-¡Padre! ¿Qué es eso?

-Es tu nuevo compañero pokémon, hijo.

-¿Cómo?- Ariel no podía creerlo. ¿De verdad su espada… se había convertido en un pokémon? Aunque al mirarlo detenidamente, con ese extraño ojo en el centro, sí que daba la impresión de estar, de algún modo… vivo.

-Te presento a Honedge, el pokémon espada. Es como pediste. Un compañero pokémon con quien puedes practicar esgrima, que puede luchar como su fuese una extensión de tu mismo brazo, inquebrantable, atemorizador. Además, es un pokémon de tipo acero, de modo que no estarás del todo a la merced de los dragones. Sólo tienes que hacerlo tuyo, Ariel.

El chico se acercó con cautela a la espada suspendida en el aire. Aún sentía algo de temor, pero cada vez lo superaba más la fascinación. Esa empuñadura parecía estar llamándole. Cerró los dedos en torno a ella y, con un tirón, sacó la espada de su vaina.

Sin previo aviso, la cinta azul se enrolló en torno a su brazo rápida como un Seviper y Ariel empezó a notar un dolor que se le extendía por todo el brazo. Cayó al suelo, gritando.

-¡Aaaah! ¡¿Qué está pasando?! ¡Ayuda! ¡Ayuda, por favor!

-¡No, Ariel!- oyó que resonaba en sus oídos la voz de su padre -¡Debes hacerte con el control! ¡El Honedge te está intentando quitar tu energía, debes demostrarle que eres fuerte y resistirte!

Ariel intentó oponer resistencia, pero no parecía que pasase nada. Seguía notando el dolor desde el brazo con el que sujetaba la espada pokémon. Intentó soltarla, pero descubrió que no podía abrir los dedos.

¡Voy a morir, voy a morir, voy a morir!” pensaba el niño. No quería, no podía. Tenía mucho miedo, un dolor atroz, y se le encogía el corazón. “¡Quiero vivir! ¡Quiero vivir! ¡YO QUIERO VIVIR!

Se aferró a ese pensamiento como a una tabla en un naufragio. Sólo pensaba en ello. Poco a poco, al principio sin que se diera cuenta, el dolor fue remitiendo. Hasta que finalmente, se fue sin dejar ninguna secuela, tal como llegó. Ariel abrió los ojos, aunque no sabía en qué momento los había cerrado, y se encontró de frente con la cara de su padre.

Éste tenía una sonrisa sincera y de felicidad en el rostro.

-Enhorabuena, Ariel. Lo has conseguido- le ofreció una mano para ayudarle a levantarse, y el chico la aceptó. Entonces se dio cuenta de que aún sostenía el Honedge en su mano, pero éste ya no tenía la cinta enroscada a su cuerpo. Ahora colgaba inofensivamente, y su ojo central le miraba con interés –Has demostrado a tu compañero pokémon que eres digno de él, y él te ha reconocido. Sabía perfectamente que lo harías.

Ariel no supo qué decir.

-…creía que iba a morir- dijo mientras observaba al pokémon.

-Tonterías. Nunca te habría sometido a esta prueba de no haber sabido perfectamente que eras capaz de hacerla. Además de que no te habría matado, sólo dejado inconsciente unas horas. Y aún así, yo habría intervenido de haber hecho falta. Pero sabía que no haría falta, porque eres los suficientemente fuerte como para hacer esto y más. Aparte, alguien de tu propia familia no te haría daño de verdad.

-¿Qué?- Ariel miró a su padre desconcertado.

-Honedge es un pokémon de tipo acero, y además es de tipo fantasma. Surge cuando una espada es poseída por el espíritu de un guerrero que está dispuesto a seguir luchando incluso tras su muerte. Por eso te he traído aquí- hizo un gesto como para abarcar la sala en la que estaban –y por eso te hice forjar tu propia espada, a tu medida. También por eso me reuní con aquellas personas con las que me viste ese día en la taberna, sí, no creas que no sabía que me estabas observando– el pequeño bajó un poco la cabeza, ligeramente avergonzado de que le hubieran visto -Se trata de investigadores que viajan por el mundo conociendo a los pokémon, y por eso estuve tanto tiempo en reuniones con ellos, para comprobar su correcta fiabilidad. Hemos hecho un ritual con ayuda de este antiguo libro sobre pokémon fantasma para llamar a tus ancestros, y uno ha respondido a la llamada, y ha aceptado convertirse en un pokémon para seguirte y cuidarte allá donde vayas. Dentro de ese acero está el alma de un gran guerrero que te servirá, pero también te guiará.

Ariel no sabía qué decir ante semejante revelación. Sólo podía contemplar maravillado el portentoso pokémon que tenía en sus manos.

-¿Eso quiere decir… que este pokémon es mi… abuelo?

-Lo dudo. Cuando la familia Drachenzähmmer se estableció en Kalos y se trajeron las sepulturas de los difuntos aquí, quienes se enterraron en este sitio fueron los más antiguos miembros de la estirpe. Yo diría que al menos cinco generaciones te separan de él. Se trata de un espíritu muy viejo, sin duda alguna.

Ariel se quedó un rato observando cada detalle del Honedge, pasando el dedo por su contorno, examinando sus formas. El pokémon pareció responderle, porque la cinta se movió, pero esta vez para acariciarle la herida de la mano.

-¿Quién podría ser?- preguntó finalmente.

-No tenemos manera de saberlo. Pero ahora tiene una nueva vida, así que si quieres, puedes ofrecerle una nueva identidad. Un nuevo nombre, si prefieres.

Ariel se quedó pensando en ello. No dijo nada, pero se quedó pensando muy profundamente.

-Un espíritu antiguo… un alma muy vieja…- acariciaba distraídamente el mango mientras murmuraba por lo bajo -… eine alte Seele- eso pareció llamar la atención del Honedge, porque paró de mover su ojo para mirarle fijamente. Ariel se dio cuenta de ello.

-Alma vieja… alte Seele. Creo que es algo que te describe muy bien, ¿no es así?- le preguntó directamente al pokémon. Éste pareció tomárselo bien, aunque sólo podía juzgarlo por el movimiento de su cinta y su único ojo –Entonces eso es lo que serás. Alteseele. Alma vieja. Y,- Ariel bajó la voz y se cubrió la boca, de forma que su padre no pudiera escucharle –aunque mi padre ha dicho que no es exactamente así… creo que tampoco estará mal si puedo llamarte cariñosamente… abuelo. Opa.

Esta vez Ariel no tuvo ninguna duda de que al pokémon, ahora nombrado Alteseele, le gustó, puesto que le rodeó con su tela en lo que parecía ser una forma de abrazo. El chico se lo devolvió tan bien como pudo, y poco después, salieron los dos junto con su padre de aquel lugar, de vuelta al aire fresco de la noche.

Ariel, por fin, había encontrado a su compañero pokémon.

Dameyanew I, legendario dios rey de Vermina. Señor de dragones, ahora ascendido a dragón divino shukulento por la gracia de los dioses videojueguiles y Joey Wheeler.

Por cierto, no os olvidéis de añadirme si jugáis a Pokémon GO: 8769 4584 8979

Citar
Respondido : 05/09/2020 9:29 PM
Etiquetas del debate
Goomba Con Mostacho
(@goomba-con-mostacho)
Leyenda de Vermina

Creo yo que no es casualidad que la hija de esos investigadores sea una niña rubia, ¿estoy en lo cierto?

Por cierto, muy buena historia la verdad.

Rey Fungico, adorador de los dioses del caos y de Canela

ResponderCitar
Respondido : 06/09/2020 12:27 PM
SuperGreni08
(@supergreni08)
Renegado

Muy buena historia. Aunque ese padre es un poco c@br#n XD.

ResponderCitar
Respondido : 11/09/2020 6:03 PM
Compartir: